martes, 26 de mayo de 2009

Ayer lloré

Como dije desde un principio... voy a escribir en este blog como si nadie lo fuera a leer. Por lo tanto, lo que escribo lo hago con el corazón y sin pensar en agradar, desagradar o sensibilizar a nadie, simplemente lo hago porque siento la necesidad...
Y si tienes la amabilidad de detenerte a leer.... gracias sin importar lo que pienses...

Ayer lloré... pasé toda la madrugada llorando...
Lloré porque quisiera ser diferente, porque quisiera poder volver en el tiempo y deshacer los errores que cometí en el pasado. Errores que han hecho daño a muchas personas, personas a las que amo con toda mi alma y a las que desearía nunca haber herido.
Ayer lloré.... y en la soledad de mi amargura mis lágrimas sabían a odio y desesperación. Odio conmigo mismo, por no poder ser como quisiera ser y desesperación por querer hacer regresar las cosas a su lugar... como dice Arjona... sin daños a terceros.....
Llorar es bueno... no hace daño... y aunque anoche me sabía amargo, mi llanto se disipó con el sueño y permitió que descansara un poco más...
También duele.... duele llorar como lloré anoche... porque fué de esos llantos en los que quieres que alguien te escuche, que te ofrezca su hombro y que te diga las cosas que necesitas escuchar... no fué así..... lloré solo... me ahogué solo en mi dolor... y así duele más...
Algunas vez has sentido que no eres nada?? que no vales nada??? anoche lo sentí... me odié... odié todo lo que he sido y lo que soy y talvez lo que seré... Tuve ganas... ganas de arrancarme la piel a pedazos... de castigarme por mis errores... de darme una bofetada que me despertara del letargo en el que me encuentro. No lo hice... hasta para eso me faltó valor....
Este dolor que siento es indescriptible... lo siento de nuevo... no se quiere ir....
Mis lágrimas vuelven a mojar mis mejillas... a veces siento que ya no puedo más... ¿¿hasta donde va a llegar este dolor?? ¿¿cuanto más tendré que sufrir por mi culpa??
Ayer lloré.... fué una dura experiencia... no quiero llorar más... pero sé que no voy a poder evitarlo... OTRA VEZ ESTOY LLORANDO

2 comentarios:

  1. Bambú japonés





    No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

    Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

    Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad,
    no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

    Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

    Durante los primeros siete años de aparente inactividad,
    este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces
    que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.

    Sin embargo, en la vida cotidiana,
    muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

    De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones
    estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

    Y esto puede ser extremadamente frustrante.

    En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que "en tanto no bajemos los brazos" ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo, dentro nuestro…

    Estamos creciendo, madurando.

    Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente
    creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito
    cuando éste al fin se materialice.

    Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...
    quizá sólo estés echando raíces...


    Autor desconocido

    ResponderEliminar
  2. Desesperación





    Comencé a correr como si corriendo sin parar se fuese a gastar el dolor que llevaba por dentro, como sin con cada paso dejara atrás un poco de ese peso que no me dejaba respirar.

    El cielo estaba cubierto de nubes y el frío golpeaba mis manos
    haciéndolas sangrar; los árboles no tenían hojas y el césped era de color amarillo como si se hubiese quemado; el invierno hacia peor mi tristeza.

    No sabía adonde ir, solo sabia que no podía detenerme, pues en el momento que lo hiciera recuperaría la conciencia de mi dolor.

    ¡Que confusión! que terrible es tener un problema y no saber donde buscar la solución, donde encontrar respuestas.

    Miras al cielo esperando ver una señal o te volteas rápidamente esperando agarrar desprevenido a tu ángel guardián, pero no los ves y te sientes con mas ganas de correr como si en algún momento del camino los fueras a encontrar.

    Te sientes cansado pero ello no mitiga tu dolor.

    Quisiera encontrar algo que me haga perder la conciencia, que me aisle de la realidad.

    Si por un golpe de suerte olvidara todo mi pasado y tuviera la oportunidad de comenzar de cero... pero también olvidaría los momentos alegres y a las personas que me han querido.

    Corriendo y corriendo paso por el lado de algunas personas que sonríen, cual será la razón?, quizás ellos en algún momento también tuvieron problemas, como los habrán superado?

    Me avergüenza reconocer que he pensado en soluciones drásticas, mi mente de la cual me sentía orgullosa ahora esta nublada, se que en alguna parte esta la respuesta pero no la encuentro.

    Sigo corriendo, mis energías comienzan a agotarse, no puedo detenerme, no puedo!!! necesito continuar hasta que en algún momento me de cuenta de que he olvidado porque comencé a correr.

    Me siento abandonada, todos lucen indiferentes al dolor ajeno... pero ellos no saben que sufro. En algún momento alguien se dará cuenta que lloro? me detendrán para ayudarme o para ofrecerme ese abrazo que necesito tanto?

    Pero me doy cuenta, la solución no esta en ellos, esta en mi, tengo que encontrarla...

    Me pregunto: que pensaré en el futuro cuando recuerde esto?

    Lo inevitable llega, debo detenerme y al hacerlo me doy cuenta que el dolor sigue ahí y ahora tengo que emprender el camino de regreso, cansada y aun dolida, pero, finalmente no tengo que hacerlo, pues lo he imaginado todo y al volver a la realidad...

    Me doy cuenta que el sol ha salido.

    ResponderEliminar